El soberano llegó a Córdoba
y examinó el arrabal que ya habían fortificado
los cristianos, pero era necesario cercar el resto, para
lo cual el rey fue por la margen izquierda del río,
tomando la fortaleza de la Calahorra e impidiendo con ello
que se recibieran en la ciudad alimentos y ayuda militar.
El emir árabe Aben Hud, que
andaba por Ecija, intentó socorrer a sus vasallos,
pero viendo que la situación era muy difícil,
abandonó la población con intenciones de volver
con un ejército más poderoso y reconquistarla,
huyendo hasta Almería, donde fue asesinado por el
emir de aquella población, al-Rumami, después
de recriminarle su cobardía y el abandono de la ciudad
y de los suyos.
Cuando los cordobeses conocieron
que su rey los había dejado solos, con la ciudad
cercada y sin medios de obtener alimentos ni armas, no tuvieron
otro remedio que capitular. Pero don Fernando no lo consintió;
les pidió que se marcharan sin condiciones y les
dio permiso para salir en libertad, llevándose sólo
lo que pudieran transportar sobre sus espaldas. Las condiciones
fueron aceptadas, y el día 29 de junio de 1236, festividad
de San Pedro y San Pablo, salieron de la ciudad, al mismo
tiempo que un heraldo del rey castellano-leonés,
por mandato real, subió al alminar de la gran mezquita
y colocó sobre él el estandarte real y la
cruz de Cristo.
El día 6 de julio Fernando
III y su ejército entraron en Córdoba, dirigiéndose
a la Mezquita, donde el obispo de Osma, don Juan, hizo la
consagración del templo musulmán como catedral
cristiana bajo la advocación de la Asunción
de la Virgen y dándole el nombre de Santa María
la Mayor.

Reconquista de Córdoba
año 1.236
Cuadro que se conserva en el Salón Liceo del Círculo
de la Amistad (Córdoba)
La atalaya de
la sierra
Esto es lo que nos cuentan
las crónicas de la Reconquista de Córdoba. Pero
a ello debemos añadir que en estas narraciones no se
omite que Fernando III instaló su Real Sitio sobre
una colina en la que había una atalaya que los árabes
usaban para avisarse, de unas a otras, haciendo señales
con humo blanco o negro, según los casos, y en la que
el Santo Rey mandó colocar la imagen de una Virgen
a la que el monarca profesaba una gran devoción y a
la que todo su ejército llamaba la Virgen Conquistadora
y Capitana.
El lugar elegido para
capilla de esta imagen de Nuestra Señora fué
delante de dicha atalaya, en un hueco que había en
el muro, dejando detrás el testero superior de la torre,
que formaba un arco, en dónde se puso a la Madre del
Salvador, implorándole la intercesión ante su
Divino Hijo para obtener la victoria en los combates que precedieran
a la reconquista de la ciudad; también ordenó
el Rey a los prelados y sacerdotes que acompañaban
a las tropas que ofrecieran diariamente el santo sacrificio
de la misa.
Primeros pasos
de la Hermandad
En el año 1.278
el Obispo D. Pascual, da reglas a los cofrades del Hospital
de S. Cristóbal y la Magdalena, más tarde de
la Lámpara, con sede en la calle Amparo, para que fueran
todos los años al Santuario en procesión solemne
al templo de la Virgen de Linares; y es aquí donde
podemos decir que comienzan los primeros pasos de la Hermandad.
En los siglos XIV y
XV hay oscuridad sobre la hermandad. En 1.546 (concretamente
el 20 de Agosto de 1.546, se concede "Licencia al Preboste
y Cofrades de Linares para hacer fiestas a Nuestra Señora")
y demostrándose que existe Hermandad por aparecer varios
diputados canónigos nombrados por el Cabildo de la
S.I. Catedral para visitar y gobernar anualmente el santuario.
Se extinguió en 1.646; volviendo a aparecer en 1.659
y se le dan estatutos nuevos en 1.660. Permaneciendo durante
los siglos XVII (centuria en que entra en gran decadencia
pero se mantiene con apariciones y desapariciones en los datos
del Cabildo) y XVIII con sus altas y bajas.
Queremos destacar el
nombre de algunos personajes famosos que figuraron con cargos
importantes en el santuario de Linares. Por ejemplo, el pintor
y escultor Pablo de Céspedes, que fué elegido
diputado de Linares en 1.602 y estuvo en este cargo hasta
su fallecimiento acaecido en 1.608. También fué
elegido con el mismo cargo de diputado el lectoral Luis de
Belluga, nombrado en 1.698 y que más tarde llegaría
a vestir la púrpura cardenalicia. Por último
citaremos a ilustre arcediano de Pedroche, fundador del Monte
de Piedad, José Medina y Corella, que fué elegido
en el mes de septiembre de 1.766

La creación
de la actual Hermandad se remonta al 9 de Enero de 1.861,
fecha en que se reforman los estatutos firmándolos
el 26 de Abril el Obispo Alburquerque, siendo ésta
Hermandad la que ha permanecido hasta nuestros días.
El día 15 de
Mayo del año de 1.660 fueron ratificados por el Vicario
General D. José Hurtado Roldan, y el 26 de Abril de
1.861 por el Obispo Alburquerque.
El objetivo principal
de los estatutos de la hermandad era y son Mantener y promover
la devoción a la Santísima Virgen María
y a Su Divino Hijo Nuestro Redentor. Conservar las tradiciones
religiosas, históricas y populares.
Dar culto en su muy
Centenario Santuario a la tan antigua y venerada Imagen de
la Purísima Concepción de Linares.
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