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Cuadro alusivo
a la Reconquista y a la introducción en Córdoba
de la advocación de la Virgen de Linares
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Mi hija Alba Año
1.995
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Luto por
los atentados del 11-03-04
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SALVE A NUESTRA SEÑORA
DE LINARES
Dios te salve, Virgen Pura.
Reina del Cielo y la Tierra;
Madre de misecordia,
De gracia pureza inmensa,
Vida y dulzura, en quien vive
Toda la esperenza nuestra
A tí, Reina suspiramos,
Gimiendo y llorando penas,
En aqueste triste valle
De lágrimas y miserias
Ea, pues Dulce Señora,
Madre y abogada nuestra,
Esos tus hermosos ojos
A nosotros siempre vuelvas
Y a Jesús, fruto bendito
De tu vientre hermosa perla.
Después de aqueste destierro
En el Cielo nos le muestra.
¡ Oh clementísima Aurora !
¡Oh piadosísisma Reina !
¡ Oh dulce Virgen María
de Linares Madre Nuestra !
Pues eres Reina del Cielo,
Alcanzad de vuestro Hijo
La salud para este pueblo,
para que todos te alaben
el la tierra y en el Cielo.
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Pergamino en el interior
de la Imagen |
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Los resplandores
ya colocados en la ubicación original |
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La imagen de la Virgen
en el interior de la
Mezquita cordobesa
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Finalizada la restauración
realizada por D. Miguel Arjona en el año 1.994 y tras
permanecer nueve días en el altar mayor de la Catedral,
La Virgen de Linares regresa a hombros del pueblo de Córdoba
a su Santuario".
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La devoción del pueblo de Córdoba
por la Virgen de Linares es sin duda una de las más
antiguas de las conocidas en ciudades y pueblos reconquistados
por los reyes cristianos, si bien no es la única imagen
que un monarca castellano depositara en alguna ermita o capilla,
a veces en altares improvisados y, en ocasiones, hasta desconociéndose
el origen y nombre de las mismas.
Ejemplo de ello lo tenemos en la Virgen
de Zocueca, patrona de Bailen (Jaén), de la que se
ignora su procedencia y el origen de su nombre, y que, como
la de Linares, tiene al Niño en su brazo derecho.
La Virgen de la
Coronada, patrona de Alcalá la Real (Jaén),
que fue depositada por el monarca Alfonso XI el Justiciero
en una ermita levantada para ella frente al castillo de Aben
Zaide, antes de la conquista de la población. O Nuestra
Señora de los Reyes, patrona de Sevilla, ofrecida por
San Fernando a aquella ciudad después de conquistada,
y otras muchas a lo largo de la geografía andaluza.
La Virgen de
Linares, conocida ya desde tiempos pretéritos como
Conquistadora y Capitana, y a veces como "invencible
generala", está muy ligada al pueblo de Córdoba
desde que Fernando III la depositara en aquella atalaya agarena
del bello paraje escogido por el rey castellano-leonés
para su Real Sitio, y a través de los siglos, para
Ella se organizaron solemnes actos de extraordinaria emotividad,
que fueron para la ciudad y los cordobeses ayuda, aliento
y amparo.
Existe la creencia de que el nombre por el
cual se conocía a esta imagen, Nuestra Señora
de Linares, era, tal vez, por haber sido recogida por el rey
en algún pueblo de este nombre, o bien, por llevar
el apellido Linares el sacerdote o capellán a quien
se encargó de su custodia, nombre que ya se utilizó
hasta nuestros días. Pero en una cita del tomo tercero
de la Palestra Sagrada de Sánchez de Feria, se dice
que "quando el glorioso Conquistador de Córdoba,
el ínclito San Fernando, vino con su Exercito a la
toma de Córdoba, hizo alto en este sitio, donde había
y hoy permanece, una fuerte Atalaya. Aquí, en un altar
portátil, dixo Misa un sacerdote natural de Linares
de Baeza, que en su compañía traía esta
imagen que colocó en el altar, siendo el culto preparativo
a una gloriosa, como ardua conquista".
Estudios más recientes, llevados
apuntan que "Linares" tal vez sea una castellanización
del nombre árabe de estas atalayas llamadas tali'a
as'ala al-narum, cuyo significado en castellano es "atalaya
donde se enciende el fuego", o bien, simplemente al-narum,
"donde se hace fuego", del cual derivaría
Linares, como sucedió con otros muchos nombres árabes
al castellanizarse, tales como al-Marlya, Almería;
al-Yussana, Baena; as-Suja\ra, Zuheros, y un largo etcétera.
La imagen de la Virgen de Linares es una
talla en madera que lleva un niño en su brazo derecho.
Su actitud es majestuosa y su fisonomía acusa una gran
expresión mística, tanto en la Virgen como en
el bellísimo Niño que descansa sobre el seno
de la madre. Su mirada es tierna y la sonrisa, de una dulzura
extraordinaria.
El padre Juan Bautista Moga, de la Compañía
de Jesús, en una visita que efectuó al santuario
en 1881, al contemplar la imagen de Nuestra Señora
tuvo la curiosidad de levantar la falda con la que entonces
se cubría, observando la media luna que ésta
tenía a sus pies, quedando así convencido de
que la Virgen de Linares estaba representada en el misterio
de su Concepción inmaculada.
Al dar cuenta de este hecho, dice Redel:
"El docto jesuíta padre Moga, tan entusiasta y
devoto de este misterio, apresuróse a dar cuenta de
su descubrimiento al gobernador eclesiástico don Camilo
de Palau, en vista de que se hallaba ausente el obispo, que
era a la sazón el insigne filósofo fray Ceferino
González. El señor Palau, muy competente en
arqueología, cuya asignatura explicaba en el Seminario,
dispuso, accediendo a los deseos del padre Moga, que, bajo
su presidencia, reconociera la efigie una comisión
facultativa, compuesta del mismo ilustrado jesuíta
y del elocuente magistral don Manuel González Francés,
entre otros capitulares y sacerdotes; del sabio individuo
de la Comisión de Monumentos don Francisco de Borja
Pavón; del notable arqueólogo y pintor don Rafael
Romero Barros; del delicado poeta perteneciente al cuerpo
de archiveros, bibliotecarios y anticuarios, don Julio Eguilaz
Bengoechea; del aparejador de obras de la Catedral don Rafael
Aguilar; del carpintero don José Casvas Heredia, y,
del acreditado fotógrafo don José de Hoces..."
En otro párrafo, transcribe Redel
los cinco primeros puntos del acta que se levantó después
del reconocimiento efectuado por los maestros carpinteros
llevados al santuario con esta finalidad :
"Primero: que la altura de la imagen
es de 94 centímetros y la peana de 8 y 1/2, con un
diámetro de 25.
"Segundo: que imagen y peana forman
una pieza, de buena madera de peral, excepto las dos extremidades
salientes por los dos lados de la media luna que está
a los pies, las cuales son de pino de Segura muy bueno y
puesto al hilo para su mayor robustez y consistencia".
Acerca de este pormenor añadieron los peritos que
de esta misma madera de pino de Segura "son dos remiendos
de la peana" y que "ambos remiendos y el de la
media luna, según su labrado, color y dureza, son
posteriores a la escultura".
"Tercero: que la imagen está
hueca por dentro.
"Cuarto: que aunque labrada la media
luna de una madera distinta de la restante de la estatua,
no es un simple apegamiento de época posterior, sino
que forma con ella un todo, pues de otra suerte no pudiera
explicarse la disposición y caída de los pliegues
que contornean en parte dicho emblema.
"Y quinto: que la madera de la imagen
presenta señales de muy remota antigüedad".
Por otra parte, de las manifestaciones que
hicieron los componentes de la comisión técnica,
después de un prolongado reconocimiento, sólo
vamos a dar un resumen, que el propio Redel señala
de la siguiente manera:
"El Reverendo Padre Moga hizo resumen
concreto de todos los pareceres, sustentando las tres conclusiones
que a continuación se expresan. Primera: que aquella
misma imagen era, por lo menos, del siglo XIII, igual que
los emblemas que le son anexos, fundado en el reconocimiento,
en la tradición oral y en la escrita. Segunda: que
los atributos representan, sin género de duda, el misterio
de la Concepción de María. Y tercera: que de
esta demostración se deduce que esta escultura es la
Concepción más antigua de las conocidas y auténticas,
existentes en todo el mundo católico, por ser anterior
(dos siglos y medio) a las más antiguas, que no pasan
de mediados del siglo XV".
Restauraciones de la Imagen
Aunque el número de veces que se retocó
la imagen de Nuestra Señora de Linares es difícil
de precisar, sí se puede decir que éstas no
fueron de lo más acertado. Se conoce la que tuvo lugar
el año 1885, aprovechando una de las veces que la imagen
fue trasladada a Córdoba para que librase al pueblo
de una gran epidemia de cólera.
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Se sabían los desperfectos que tenía
y era necesaria una restauración inmediata,
por lo que la hermandad decidió aceptar el
ofrecimiento del director de la Escuela de Bellas
Artes Rafael Romero Barros, para dirigir dicha restauración,
que fue comenzada el 30 de septiembre de dicho año,
previa autorización del Cabildo catedralicio.
El señor Romero junto con el artífice
Rafael Díaz, tras un detenido estudio decidieron
hacer una restauración completa de la imagen,
que fue concluida el 20 de noviembre del citado año.
En otras ocasiones se retocó la imagen de
Nuestra Señora de Linares, pero sin duda, la
más importante de estas restauraciones, ha
sido la última efectuada, se llevó a
cabo en 1994 con el consentimiento del Cabildo catedralicio,
que es su patrono, encargándose de dicha restauración
el imaginero cordobés Miguel Arjona Navarro.
Después de un estudio en profundidad de la
imagen, tanto exterior como interior, y vistas las
malas condiciones en que se encontraba la misma, se
procedió a resanar todo el conjunto, descubriéndose
que en
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| Ntra.
Sra. DE LINARES,
CONQUISTADORA
DE CÓRDOBA
Que
se venera en su histórico santuario extramuros
de
esta capital, traída en 1885 con motivo a la
epidemia colérica. Litografía de Fco.
Casado Granada
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otros tiempos la imagen había tenido unos rayos salientes
a ambos costados, siete en cada lado, que le han sido repuestos
y que luce en la actualidad. |
| Una vez restaurada,
y antes de cerrar su entorno, le fue colocado en su interior
un pergamino, en el que se da cuenta de dicha restauración.
La memoria que publica anualmente el boletín de la
hermandad, correspondiente a 1994, dice a este respecto: "La
Virgen ha estado en el taller de don Miguel Arjona un total
de 118 días, trasladándose a la S.I.C. el día
29 de abril y estando nueve días en el altar mayor,
para regresar a hombros del pueblo de Córdoba a su
altar del Santuario".
Es posible que el primer traslado a Córdoba
de la imagen de Nuestra Señora de Linares fuera en
el año 1808, cuando la invasión francesa, cuyas
tropas, al mando del general Dupont, se disponían a
entrar en la ciudad. El comandante general de la vanguardia
del Ejército de observación de Sierra Morena,
Pedro Agustín de Echavarri, a la vista de que disponía
de pocos hombres e inexpertos en la lucha, dirigió
una proclama a todos los pueblos de su provincia previniéndoles
que "con orden, quietud y sosiego se preparasen a tomar
las armas, pertrechos y municiones y que impetrasen de los
buenos patricios caudales, caballos y demás efectos
necesarios, para ponerlo todo a las órdenes del indicado
comandante general".
El general Echavarri, que era un heroico
militar y profesaba una gran devoción a la Virgen de
Linares, dispuso que ésta se trajese a la ciudad para
que fuera amparo de la misma. "En la tarde del sábado
4 de junio de 1808 -dice Redel- salió para su santuario
el rosario de Nuestra Señora del Socorro con multitud
de sacerdotes e inmensidad de pueblo, y en la mañana
del día 6, domingo de Pascua de Pentecostés,
entró por la Puerta de Plasencia precedida de la imagen
de San Fernando y acompañada de todos los habitantes
de la provincia, que convertidos en soldados, la vitoreaban
y proclamaban por su invencible generala".
La crónica añade que "ambas efigies, la
de la Virgen y la de San Fernando, fueron saludadas al entrar
en Córdoba con un repique general de campanas; penetraron
a su paso en los templos de Santa María de Gracia y
Santa Marta; en la puerta del convento de San Pablo fueron
esperadas por la comunidad de dominicos, y en la de San Francisco,
por la de los franciscanos. Siguió la procesión
por la Cruz del Rastro hasta la parroquia de San Pedro, en
cuya iglesia quedaron depositadas las imágenes, a las
que se ofrecieron misas y otros actos religiosos, incluidos
sermones de doctos representantes de la Iglesia".
Más a pesar de todo, las tropas del
general Dupont llegaron hasta Alcolea el día 7 de junio,
haciendo un gran número de bajas al ejército
cristiano y avanzando hasta Córdoba, cuya Puerta Nueva
encontraron cerrada; el general francés ordenó
que la derribaran a cañonazos, y entró en la
ciudad, donde, a su paso por la calles, hicieron los soldados
destrozos incalculables.

Traslado de Córdoba
al Santuario, año 1940
Se cuenta que cuando las tropas galas llegaron
hasta la parroquia de San Pedro, que estaba cerrada, creyeron
que el templo era un cuartel o palacio en el que se hospedaba
el general Echavarri, por lo que se ordenó volar el
edificio. La crónica dice que se produjo un hecho milagroso,
pues varias veces que se encendieron las mechas del cañón,
éstas se apagaron sin que pudiera cumplir su objetivo,
dando con ello tiempo a que supieran que aquel edificio era
una iglesia y se desistiera de disparar contra ella.
El hecho de encontrarse la imagen en el
templo fue el motivo para que el pueblo creyera firmemente
en la protección de Nuestra Señora a la ciudad,
ya que ésta no fue de las que más sufrieron
el azote de la invasión francesa, a pesar de que los
cordobeses tuvieron que soportar tres días de saqueo
durante los cuales se profanaron muchos templos y se cometieron
grandes desmanes. El día 16 de junio el general francés
debió salir precipitadamente de Córdoba con
sus tropas, y los cordobeses, libres del yugo de los franceses,
acudieron a la parroquia de San Pedro a dar gracias a Nuestra
Señora de Linares, por haber librado a Córdoba
de males mayores, como los ocurridos en otras ciudades y pueblos
españoles. Después de cuatro meses de permanencia
en la ciudad, el 16 de octubre del citado año de 1808
la imagen volvió a su santuario, acompañada
de la de San Fernando.
Cuatro años más tarde, en 1812,
la Virgen de Linares volvió a ser trasladada a Córdoba
para que ante ella y en la Santa Iglesia Catedral se procediese
al juramento de la Constitución. Refiere la crónica
que consultamos sobre el particular que "la imagen de
la Virgen salió del santuario en la mañana del
día 15 de septiembre de dicho año, depositándola
en el molino del arroyo de Pedroche, convenientemente arreglado
al efecto, donde estuvo hasta las cinco de la tarde, que atravesando
el arroyo, fue llevada hasta la casa de la Pólvora,
donde se agregó el clero y las cruces parroquiales,
siguiendo hasta la Cruz de Roelas, donde fue recibida por
el general Echavarri, que la esperaba con una compañía
de lanceros y música militar, siguiendo la comitiva
hasta la Puerta Nueva, donde se le incorporó la imagen
de nuestro Custodio San Rafael, con su hermandad, siguiendo
hasta la Catedral en la que entró, luego de ser recibida
por el obispo y capitulares, verificándose en la mañana
del día 16 la fiesta de la Jura de la Constitución.
La Virgen de Linares regresó a su santuario el día
25 de septiembre del citado año de 1812".
En otras varias ocasiones la imagen de Nuestra
Señora de Linares fue bajada a la ciudad con motivo
de epidemias que asolaban no sólo a Córdoba,
sino a Andalucía y España, cuyo relato sería
prolijo.
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