Este Vaso de Nuestra Señora de Linares, fué regalado por Nuestra Hermandad al Obispo de Córdoba
D. José Proceso Pozuelo y Herrero con motivo de una visita que éste realizó al Santuario en el año de 1.898.

En la actualidad es el único que se conserva.

Fué hallado en el rastro madrileño en el año 1.995 por D. Rafael Ruiz Tamajón.

 

 

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Los vasos de la virgen de Linares. 30 de diciembre 1995

por

D. Miguel Salcedo Hierro
Cronista de la ciudad



NADA más grato que traer a la última crónica de 1995 un tema cordobés tan vivo, devocional y entrañable como éste, referido a un interesante aspecto de la Virgen de Linares, así como de su Santuario y Hermandad. Se trata de los antiguos vasos de cristal con la imagen de la piadosísima Inmaculada, de tan arraigada tradición fernandina. La llamada Capitana y Conquistadora.

En más de una ocasión me he permitido hacer referencia a estos frágiles recipientes. Mis primeras noticias de ellos me llegaron por propias experiencias infantiles, cuando me llevaron mis padres y mis tíos, a una romería que, por aquellas fechas -años 1930 a 1935- se celebraban coincidentes con las novenas anuales a la Santísima Virgen y tenían adecuado cierre en los domingos de mayo.

Pero la existencia de los mencionados vasos era mucho más antigua: el escritor Enrique Rede!, en su difundido libro "La Virgen de Linares", publicado en 1910 nos da de ellos curiosas noticias, informándonos de que eran objetos usuales en las excursiones campestres de los cordobeses y cordobesas novecentistas, y que se podían adquirir directamente en la tienda benéfica que todos los años instalaba la Hermandad y, si era el caso, mediante la opción de la suerte, en la rifa ligada a los actos del Santuario, fuente casi principal de los ingresos cofradieros linarenses.

Decía Redel, puntualmente: "Por ser efectos de los más codiciados quieren apuntar aquí que los vasos de cristal, blancos o azules, con la imagen de la Virgen y el nombre del Santuario, proceden de una cristalería badalonesa de A. Farrés y Compañía. "Añado, seguidamente, la importancia de su utilización. Y es que constituían una pieza imprescindible de la jornada, pues los romeros solían coger en "ellos, para beber, las aguas frescas y purísimas del arroyo que festonea el Santuario.

Pero los vasos de la Virgen de Linares tenían una misión posterior mucho más trascendental. Al regreso de las romerías, nuestros queridos antepasados los solían incorporar a sus ajuares domésticos. No se usaban en salud; sin embargo, eran imprescindibles en las enfermedades tales recipientes, que contenían las medicinas recetadas por los médicos. Porque debo recordar que en tiempos pretéritos eran muy escasos los productos traídos de los laboratorios farmacéuticos: generalmente, los doctores prescribían las fórmulas y los facultativos o boticarios tenían la obligación de elaborar las medicinas personalmente, ajustándose estrictamente a ellas.

El familiar o el sirviente del enfermo llevaba al establecimiento la receta médica y el vaso que había de contener el producto curativo. Y, obviamente, los vasos destinados al efecto eran los adquiridos en el Santuario de la Virgen de Linares que como sello religioso, lucían la imagen de Nuestra Señora. A la hora indicada, el mandadero volvía a la botica a recoger la medicina en el propio vaso: que se acostumbraba cerrar con un albo papel parafinado, .ajustado a la boca con una hermética gomilla.

El vaso era colocado habitualmente sobre la mesilla de noche del doliente: ello le daba prontitud a su recurso. Y también permitía que el postrado o sus acompañantes, dirigieran una oración a la Virgen, impetrando su protección y el destierro de la enfermedad. Pero la costumbre de fabricar los vasos fue decayendo, y con el correr de los años acabaron por desaparecer. A mi, como a tantos cordobeses, me hubiera gustado conservar alguno, pero ya, de mayor, ni siquiera pude llegar a verlos. Sólo quedaban de ellos referencias históricas o literarias.

De entre estas, había una estrechamente ligada al último obispo cordobés del siglo XIX, el Excmo. y Revdmo. señor .don José Proceso Pozuelo y Herrero uno de los pocos prelados de nuestra diócesis nacidos en la provincia de Córdoba, pues vio la luz por primera vez en Pozoblanco, el año 1828. En 1877 fue designado administrador apostólico de Ceuta; de allí pasó en 1879 a ser obispo de Gran Canaria; en 1890 fue trasladado a la diócesis de Segovia, y en 1898 lo nombraron obispo de Córdoba, rigiendo esta sede durante quince años: de 1898 hasta 1913, en que falleció en nuestra ciudad.

El mencionado obispo Pozuelo y Herrero tenia una acendrada devoción a la Virgen de ! Linares, y apenas se hizo cargo de su sede episcopal, una de las primeras visitas que realizó fue al Santuario, para postrarse a los pies de la imagen. A lo largo de su pontificado se desplazó a Linares con gran frecuencia. La fina percepción de Enrique Redel, anotó el hecho en su libro "... y que en diciembre de 1898 regaló la Hermandad dos de ellos (vasos) a obispo don José Proceso Pozuelo, como recuerdo de su reciente visita al Santuario".

Hasta aquí llegaba la historia de los vasos. Pero en los primeros días de este otoño, recibí una llamada telefónica por parte de los familiares del que fuera largos años impecable sacristán de la Virgen de Linares e inspirado poeta, Antonio Ruiz Rubio, fallecido hace pocos años, para decirme que tenían en su poder uno de los famosos vasos y que, les agradaría enseñármelo, dado el deseo que contemplarlo que yo había manifestado en una crónica titulada "La Virgen Conquistadora", publicada en este mismo diario el miércoles, 21 de abril de 1993.

No tardamos en reunimos: MANUEL Ruiz Rubio, hermano del sacristán mencionado, quien había sido, a la muerte de aquél, heredero de la prestigiosa sacristía y Antonio Ruiz Tamajón, hijo del extinto sacristán y.....

Acordamos realizar una fotografía del vaso, y publicarla cuando se hiciera esta crónica. Ahí está, ilustrándola, y dándonos fe de su bella presencia. La reproducción es obra de A. Aguilera, el genial artista cordobés especializado en temas religiosos.

Y no acaba aquí el relato. En el estuche del vaso, hecho expresamente para él, figura el sello del taller donde se hizo: Taller de estuches de Luis Mesa. Córdoba". Y en el mismo estuche, por su parte posterior, una inscripción, hecha a pluma, expone lo siguiente: "Este vaso perteneció al obispo de Córdoba, José Pozuelo; se lo regaló la Hermandad de Santa María de Linares en una de sus visitas al Santuario en diciembre de 1898". Hay debajo una rúbrica y después otro texto: "Adquirido por don Rafael Ruiz Tamajón en una tienda de antigüedades de Madrid en abril de 1995".

El transcurrir del tiempo puede dar lugar a milagros sencillos. No se puede negar que hay un hilo sutil que se nos escapa, entre este vaso virgíneo y su adquisición en un lugar distante, por parte de un hijo del llorado sacristán Antonio Ruiz Rubio, alma y corazón, en su día, de la Virgen de Linares.