Real Hermandad de
Nuestra Señora la Purísima Concepción
de Linares
PREGÓN de la ROMERÍA
de la VIRGEN DE LINARES
2005
Dr. D. Juan José
Primo Jurado
Salón Liceo del Círculo de la Amistad
Córdoba, 22 de abril de 2005
Ave María Purísima Concepción de Linares.
Excelentísimas e Ilustrísimas
autoridades.
Señor Hermano Mayor, Junta de Gobierno y Hermandad
de Nuestra Señora la Purísima Concepción
de Linares.
Bellísimas Romera Mayor, Romera Infantil y Corte Romera.
Señor Presidente de la Agrupación de Hermandades
y Cofradías de Córdoba.
Señores Hermanos Mayores y representantes de las Hermandades
de Gloria y de Penitencia.
Cofrades, peñistas, cordobeses y cordobesas, amigos
todos.
Quiero ser claro con
vosotros desde el principio: Como cordobés y como creyente
supone para mí un inmenso honor y me causa una profunda
alegría estar hoy, aquí, pregonando la Romería
de la Virgen de Linares.
Amo a Córdoba
y por ello la quiero en su historia y en sus paisajes. Y la
devoción a la Virgen de Linares, manifestada en el
culto que se le rinde en su Santuario, en la Romería
anual y en este Pregón, está imbricada de forma
secular con la historia y los paisajes cordobeses.
Soy creyente. Con mil
defectos sí, pero soy creyente. En mi familia aprendí
a rezar y a amar a la Iglesia y la educación marista
me enseñó a confiar en la Virgen. Creo que Dios
tiene la última palabra en la historia. Creo que nos
espera en el Sagrario. Creo en la defensa de la dignidad del
ser humano. Y me esfuerzo en basar mi vida en los cuatro pilares
que señala la doctrina de la Iglesia: la verdad, la
justicia, la libertad y el amor.
Por todo ello, mi gratitud
es plena a la Hermandad de la Virgen de Linares, a su Junta
de Gobierno y, en especial, a su Hermano Mayor, Enrique Moreno
Blasco, por haberme elegido pregonero de este año y
haberme hecho uno de los vuestros a lo largo de los meses
previos a hoy.
Gracias a Ángel
Fernández Dueñas, maestro y amigo, por tu apoyo
y orientación. Gracias a Tomás Hermán,
a Antonio Criado de Dios, a Santiago Granados, a Antonio Rodríguez
Carretero y su mirada sabia y entrañable, a Amalia
Jurado Pintor, santera de nacimiento y vocación que
lleva a la Virgen en sus ojos y en su corazón. Gracias
a todos ellos, que tanta información y vivencias quisieron
compartir conmigo.
Y gracias, muy especiales
a ti, Joaquín. Joaquín Criado Costa, pregonero
del 2004, director de nuestra Real Academia y de la Fundación
Prasa, me ha cedido el testigo con la elegancia y la cordialidad
que siempre le caracteriza. Gracias, amigo Joaquín,
soy consciente del riesgo que supone sucederte en este atril
a ti, que conoces tan bien Córdoba, pero lo asumo como
un honor y en tu gesto veo también a toda esa magna
lista de pregoneros de Linares que se iniciara en 1971.
Yo quisiera hoy mostrar
mi amor a la Virgen de Linares, a Córdoba y mi gratitud
a vosotros, pregonando la Romería con cinco paradas.
Cinco lugares especiales del recorrido romero que suponen,
además, las cinco claves de la Romería de la
Virgen de Linares, cinco carrozas invisibles que deben formar
parte del cortejo y cuyo concurso y participación son
los que dan sentido y significado a nuestra Romería.
Esas cinco imprescindibles
paradas con sentido y significado son: La Catedral, que significa
la Fe. La salida desde el Paseo de la Victoria, que simboliza
la Hermandad. La Plaza de las Tendillas, que es Córdoba.
El Barrio de San Lorenzo, que da la clave de la Tradición.
Y el Puerto de la Salve, donde brilla con nombre propio María.
Primera parada, la Catedral:
la Fe
Las primeras luces del
primer domingo de mayo han sido saludadas con alegre cohetería,
iniciada en el Campo de Verdad y continuada hasta recoger
al hermano mayor y a la romera mayor de la Virgen de Linares.
Luego, a las ocho de la mañana, la Junta de Gobierno
de la Hermandad, romeros y agregados, llegan a la Catedral
para solicitar la bendición de su consiliario.
¡Qué hermoso
gesto comenzar la Romería de Linares en la Catedral!
La Catedral de Córdoba, con su murmullo de agua y aroma
de azahar del Patio de los Naranjos, con su laberinto de columnas,
su historia de siglos y su crisol de estilos artísticos
es grande, como la Iglesia. Y ella acoge esta manifestación
de religiosidad popular.
El obispo de Córdoba,
monseñor Asenjo, ha definido en una carta pastoral
a las hermandades, como camino de fe en nuestra tierra y dique
contra la secularización: “Son una realidad importante
–ha escrito el señor obispo- que pertenece esencialmente
al alma de esta Iglesia particular. Es ni más ni menos
vuestro modo peculiar de vivir la fe, agrupados, reunidos
en una confraternidad, en torno a un misterio de la vida del
Señor o un misterio de la vida de María. Quien
quiera servir a esta Iglesia, debe partir de estas convicciones,
que son la plataforma inexcusable para seguir construyendo
la vida y la historia de la Iglesia en la Diócesis
de Córdoba”.
Nuestro obispo nos recuerda,
también, que para mantener fidelidad a su esencia,
las hermandades han de caminar con ejemplaridad, con compromiso
apostólico, formación cristiana, unidad en lo
esencial, amor hacia los hermanos y en comunión con
la Iglesia.
Y los romeros de la
Virgen de Linares saben que la primera e imprescindible carroza
que deben poner en su Romería es la de la fe en Jesús,
en su mensaje de vida y salvación para felicidad del
ser humano. Una fe sencilla pero recia, como las piedras de
la Mezquita Catedral cordobesa. Y los romeros de Linares hacen
suyos en esas primeras horas de la mañana, ante el
primer templo de Córdoba, los versos de Juan Ramón
Jiménez:
Lo que Vos queráis,
Señor;
sea lo que Vos queráis.
Si queréis que entre las rosas
ría hacia los matinales
resplandores de la vida,
sea lo que Vos queráis.
Si queréis que, entre los cardos,
sangre hacia las insondables
sombras de la noche eterna,
sea lo que Vos queráis.
Gracias si queréis que mire,
gracias si queréis cegarme;
gracias por todo y por nada,
sea lo que vos queráis.
Lo que Vos queráis, Señor;
sea lo que Vos queráis
Segunda parada, Paseo de la
Victoria: la Hermandad
La Romería de
Linares se organiza para salir al comienzo del Paseo de la
Victoria, donde existió el convento de Nuestra Señora
de la Victoria, perdido con la Desamortización decimonónica
que tanto daño causó a nuestro patrimonio. Carrozas
y romeros se concentran allí. Y la necesaria organización
la pone la Hermandad y su Junta de Gobierno. Por eso en esta
segunda parada, la invisible carroza que se suma a la Romería
es la de la Hermandad de la Virgen de Linares.
¡Oh mayo, mes de
las flores!
Explota la primavera
y la Sierra reverbera
su concierto de colores.
Desde los primeros albores
-los primeros despertares
de mi Córdoba en sus lares-
del domingo, ya se oía:
¡Vamos a la romería
de la Virgen de Linares!
Se forma la caravana
de engalanadas carrozas
rebosando guapas mozas
con sus trajes de gitana;
de fiesta es la mañana;
risas, requiebros, achares,
preludio de bienestares
tropel de caballería
que marcha a la romería
de la Virgen de Linares
(Ángel Fdez Dueñas)
Sin la existencia de
la Hermandad, difícilmente se imagina uno que hubiese
pervivido con fuerza la devoción mariana más
antigua de Córdoba.
La Hermandad de la Virgen
de Linares no solo organiza la Romería y este Pregón.
Se encarga de la conservación de su patrimonio artístico,
del cuidado y mantenimiento del Santuario, de la edición
de un boletín informativo anual y de una página
web en Internet . Organiza la Eucaristía dominical
y la convivencia mensual, la ofrenda floral y la procesión
con la Virgen el segundo domingo de mayo, un Vía Crucis
por los alrededores del Santuario en Cuaresma y la Vigilia
de la Inmaculada, el 7 de diciembre, cuya última edición
en el 2004 ha sido precedida de una sesión de la Real
Academia de Córdoba, dedicada a la Purísima
Concepción, con motivo del ciento cincuenta aniversario
de la declaración dogmática.
La historia de la Hermandad
de la Virgen de Linares se remonta a la Edad Media, ya como
hoy bajo protección del obispo de Córdoba y
patronazgo del Cabildo Catedralicio, siendo su constatación
documental más antigua de 1546. Su primera época
termina mediado el siglo XVII. La segunda época se
abre en 1704 y termina en 1730. La tercera época, en
la que estamos actualmente, se inicia en el 9 de enero de
1861 a partir de veinticinco caballeros cordobeses devotos
de la Virgen, aprobando ese año sus estatutos el obispo
don Juan Alfonso de Albuquerque.
Con la reina Isabel
II, en 1863, la Hermandad obtiene el título de Real,
bien justificado por ser el Santuario de fundación
regia. Y en 1867, el Papa Pío IX agregó el Santuario
a la iglesia romana de Santa María.
En la actualidad la
Hermandad de la Virgen de Linares cuenta con más de
350 hermanos. Centenares son los que la integraron durante
siglos. Todos importantes, unos anónimos, otros cuyo
nombre perdura en la memoria.
Hablar de la Hermandad
es hablar de sus hermanos mayores. De un cordobés ejemplar
como Baldomero Moreno Espino, brillante empresario y mecenas
en muchos órdenes, que de 1955 a 1958 originó
un verdadero renacimiento de la Hermandad y del Santuario.
A él se suman otros dos hermanos mayores con el título
de honorarios, Santiago Granados Álvarez y Antonio
Rodríguez Carretero.
Hablar de la Hermandad
es hablar de los pregoneros, la mayoría hermanos de
Linares y cordobeses ejemplares. De Juan Morales Rojas, Pedro
Palop, Tico Medina, Manuel Ocaña, Antonio Alarcón,
Miguel Castillejo, Manuel Nieto, Matías Prats, José
Mª Ortiz Juárez, Rafael Mir, Ángel Fernández
Dueñas, Julio Sánchez Luque o los generales
Casinello y Serrano. De Miguel Salcedo Hierro, columna de
la oratoria y la crónica cordobesa que por dos veces
subió a este atril. De Antonio Rodríguez Carretero,
cuyo pregón de 1996 aún no deja de alabarse.
Y de dos enamorados de la Virgen como Paco Pérez Marín
y Manuel Salcines, quienes aún no hace un año
que partieron a un encuentro eterno con ella.
Hablar de la Hermandad
de la Virgen de Linares es hablar del recordado sacristán
Antonio Ruiz. De su, tantos años, canónigo consiliario
don Agustín Murillo, a su muerte sucedido por el actual,
don José Manrique.
Y hablar de la Hermandad
es hablar de esa bandera de mujer cordobesa que enarbola año
tras año. Hoy la mujer cordobesa está representada
aquí por Rosalía y las demás romeras.
Imagen de la mujer cordobesa que acuñara la tradición
y cantara el gran Ramón Medina.
Cordobesita de rostro
hermoso, hechicera, retrechera, de belleza que desafía
al sol bello, de bellos ojos “que matan más que
los rejones de Cañero”, linda romera, tantas
veces chiquita y graciosa que has jugado loca y caprichosa
con el corazón, en una batalla que tú planteas
siempre a ganar o a perder.
Carita preciosa,
color nardo y fresa
que envidian las rosas.
Palmera garrida.
Eterna promesa
de gracia y de vida
¡Mujer cordobesa!
Tercera parada, la Plaza de
las Tendillas: Córdoba
La Romería de
la Virgen de Linares se interna por la ciudad y llega a la
Plaza de las Tendillas. La Plaza de las Tendillas es el centro
de Córdoba, pero tiene mucho más que un significado
geográfico. Los cordobeses siempre hemos reservado
las Tendillas para los grandes acontecimientos, las procesiones
de Semana Santa, el Corpus Christi o grandes manifestaciones
de carácter político, sindical, deportivo o
cívico, de júbilo o de duelo. Por eso, la Plaza
de las Tendillas es el corazón de Córdoba y
en ella se une a la Romería una tercera carroza invisible:
Córdoba.
Amarillo perfil de arquitectura
de cúpulas y torres coronado.
Torso de duro mármol cincelado,
estatua de ciudad, Córdoba pura.
Abres al valle virginal
figura
a la que el Betis besa enamorado.
Y en tu más alta torre reflejado,
el oro de un Arcángel te fulgura.
Arena y cal, olivo y
serranía,
enhiesto pino, palmeral ardiente,
ciñen tu delicada argentería.
Relicario de siglos donde
Oriente
engarza en vesperal policromía
tu albo destello ¡Oh perla de Occidente!
(Juan Bernier)
Yo te doy, hoy, gracias
Purísima Concepción de Linares por seguir estando
con Córdoba, por ser referente de su fe mariana y por
las intercesiones que ante tu Divino Hijo, acunado en tus
brazos, has hecho llegar en ocho siglos de generaciones cordobesas.
Y te pido por Córdoba y sus habitantes. Por sus necesidades
como ciudad, por las necesidades particulares de todos y cada
uno de los cordobeses.
Pero yo también
pregunto hoy, aquí, ¿Qué hace Córdoba
por la Virgen de Linares? Cordobeses, cofrades, peñistas,
Córdoba es una ciudad eterna por el caudal inagotable
de sus tradiciones y la Virgen de Linares es una de ellas.
Amar a Córdoba no es servirse de ella y, por tanto,
amar a la Virgen de Linares no es usarla para nuestros propios
fines.
Los cordobeses no debemos
usar el entorno físico del Santuario para degradarlo,
expoliarlo o ensuciarlo, sin el más mínimo respeto
a un hermoso paraje de nuestra Sierra y de nuestra Historia
que es de todos.
Las instituciones cordobesas
no deben usar la Romería de la Virgen de Linares para
captar simpatías o votos y luego olvidarse de ayudar
al trabajo diario que mantiene viva esta devoción,
esta referencia histórica y esta seña de identidad
cordobesa.
Y a la Romería
hay que venir porque se ama a la Virgen de Linares y a Córdoba.
No se puede subir cobrando, ni hacer un negocio a costa de
ésta y de la Romería hermana de Santo Domingo.
Preguntémonos
qué podemos hacer por Córdoba y por la Virgen
de Linares, amemos a ambas, no traicionemos nuestra esencia
y cumplamos con nuestra ciudad la hermosa plegaria de Pablo
García Baena:
Danos el signo de que
somos hijos
indignos, pero tuyos. Sea ligera
tu tierra a nuestros huesos, y al aliento
último suba como flor
tu nombre,
Córdoba nuestra
Cuarta parada, Barrio de San
Lorenzo: La Tradición
La Romería de
la Virgen de Linares se interna en la Ajerquía y llega
al Barrio de San Lorenzo. El bello templo parroquial fernandino
de San Lorenzo le abre las puertas y le recuerda que él
y el Santuario nacieron juntos, que allí se acogió
la Virgen durante la Guerra Civil y que durante siglos, era
la última parroquia antes de llegar al Santuario serrano.
La vecina iglesia de
María Auxiliadora, bastión centenario salesiano
en Córdoba, saluda a la Romería con alegre repique
de campanas. La iglesia del convento de los trinitarios refleja
en su gran fachada los rayos del sol que iluminan ya a la
Romería. Los vecinos del barrio se agolpan en las aceras.
La Romería de
la Virgen de Linares se encuentra aquí con su cuarta
carroza invisible: La Tradición enriquecida por la
Historia.
Una Tradición
y una Historia que han narrado las fuentes y analizado historiadores
como Luis María Ramírez de las Casas Deza, Enrique
Redel, Miguel Ángel Ortí Belmonte y Rafael Vázquez
Lesmes.
La Virgen de Linares
está intrínsecamente conectada con uno de los
hechos más trascendentales en los más dos mil
años de historia de Córdoba: su Reconquista
por Fernando III el Santo en 1236.
Llega la Virgen a Córdoba
con el rey castellano, presto a ayudar a la cabalgada que
unos meses antes ha puesto pie en la muralla islámica
cordobesa por el sitio que hoy conocemos como Puerta del Colodro.
El Rey Santo acampa en las afueras de la ciudad y coloca a
la Virgen en una atalaya mora. El 29 de junio de 1236 el alminar
de la Mezquita de Córdoba vuelve a ser torre de la
Catedral y la cruz saluda desde allí a la que desde
entonces se conocerá como Virgen Capitana o Virgen
Conquistadora.
No se sabe exactamente
el porqué del nombre de Linares, la actual imagen de
la Virgen es del siglo XVI de autor anónimo y la iglesia
se construyó a principios de esa centuria, pero es
cierto y está constatado que el torreón cuya
planta baja ocupa el Santuario es medieval y que desde el
siglo XIII se venera a la Virgen de Linares en este lugar.
Nuestra secular fe y
devoción en Nuestra Señora la Purísima
Concepción de Linares y la existencia de la Hermandad
que le rinde culto, son testimonio de que Córdoba,
crisol de culturas, poseedora de un rico y variado pasado,
hunde sus raíces y aporta sus frutos a la cultura occidental
y cristiana.
En esta carroza de la
Tradición resuenan con eco especial los versos de Ramón
Medina:
Virgen Santa de Linares,
Reina pura y seductora,
Divina Conquistadora
de nuestra ciudad sin par.
Es tu bello Santuario,
entre jaras y lentisco,
santo y celestial aprisco de la fe,
refugio de tu amor
para la Cristiandad.
Hoy tus hijos cordobeses,
flores vienen a ofrendarte,
para repetir las preces, al rezar,
igual que el santo Rey,
postrados en tu altar
Quinta parada, el Puerto de
la Salve: María
Son las doce del mediodía
y la Romería, ya en pleno campo, llega al Puerto de
la Salve. Se llama así porque desde allí se
comienza a divisar el Santuario y los romeros rezan el Ángelus
y cantan la Salve.
Puerto de la Salve; empieza
a verse la espadaña
de la ermita, a la que baña
Natura con su belleza.
Y la Salve ya se reza
desde todos los lugares
convertidos en altares
con ritmo de poesía
(Ángel Fdez Dueñas)
Dios te salve, Virgen
Pura.
Reina del Cielo y la Tierra;
Madre de misericordia,
de gracia y pureza inmensa,
vida y dulzura, en quien vive
toda la esperanza nuestra.
A ti, Reina, suspiramos,
gimiendo y llorando penas,
en aqueste triste valle
de lágrimas y miserias.
Ea, pues dulce Señora
Madre y abogada nuestra,
esos tus hermosos ojos
a nosotros siempre vuelvas,
y a Jesús, fruto bendito,
de tu vientre hermosa perla,
después de aqueste destierro
en el cielo nos le muestra.
¡Oh clementísima Aurora!
¡Oh piadosísima Reina!
¡Oh dulce Virgen María
de Linares, madre nuestra!
Pues eres reina del Cielo,
alcanzad de vuestro Hijo
la salud para este pueblo,
para que todos te alaben
en la Tierra y en el Cielo
(Salve a Nuestra Señora de Linares)
Como no podía
ser de otra manera, en el Puerto de la Salve se une a la Romería
la carroza definitiva, la de María Inmaculada.
Fue nuestro país
el primero que intuyó esta pureza de María.
Nuestra historia y arte están salpicados de ejemplos.
De los labios del pueblo brotó espontáneamente
la plegaria: “¡Ave María Purísima!
¡Sin Pecado Concebida!”. Y en hogares y colegios
aprendimos antiguas canciones que definían a María
como más pura que el sol y más hermosa que las
perlas ocultas en los mares y proclamaban que ella fue la
única entre los mortales librada del pecado de Adán.
La Purísima Concepción
de María figura en el nombre de la Virgen y de la Hermandad
de Linares. Sus atributos iconográficos característicos
lucen en la bendita talla: media luna y querubín a
los pies y rayos de sol saliendo de toda la imagen. No es
extraño que aparezca el Niño Jesús en
sus brazos, pues hasta bien entrado el siglo XVII no se establece
en la iconografía concepcionista la Virgen sola.
En ti ¡Oh Madre
amada!
Que toda Córdoba adora
por ser su Conquistadora,
creemos representada
la primera Inmaculada.
Por eso en primavera,
toda la ciudad entera
viene a la serranía
para rendir la romería
a su Concepción Romera
(Ángel Fdez Dueñas)
Te pido, María
Inmaculada, por la Hermandad que guarda tu culto. Afiánzala,
oriéntala y protégela.
Pero, además,
en este Pregón de abril de 2005, yo quiero elevarte,
María, dos nombres muy especialmente. Intercede por
el alma del gran Papa Juan Pablo II, que hizo santo y seña
de su amor hacia ti. Y guía en su pontificado al nuevo
Papa, Benedicto XVI. Unamos nuestras oraciones por la Iglesia
universal y por ellos.
Y en nombre de la Hermandad
de la Virgen de Linares, solicito ahora, de todos los presentes,
un aplauso de apoyo, pleno de alegría, para nuestro
Santo Padre Benedicto XVI.
Ante el Santuario de la Virgen
de Linares
Y llega la Romería
al Santuario donde nos espera la Virgen de Linares. Salimos
de la Catedral y llegamos a la Ermita, haciendo el viaje inverso
que efectuaron hace 769 años Fernando III y nuestros
antepasados.
Para los romeros es
la hora de dar gracias ante la Virgen, hora del descanso,
la alegría, la canción, de hacer de la comida
un brindis a la amistad y al amor. Es tiempo de recuerdos
hacia los ausentes, planes futuros y confidencias... Es la
ocasión de dejarse seducir por el aroma de la incomparable
primavera cordobesa.
Y para este pregonero
es hora de terminar el pregón.
¡Cordobeses, cofrades,
peñistas, romeros, amigos todos! Cuidemos esas cinco
carrozas que nunca deben faltar en la Romería de la
Virgen de Linares: la Fe, la Hermandad, Córdoba, la
Tradición y María.
Tener Fe, apoyar a la
Hermandad, querer a Córdoba, respetar la Tradición
y amar a María. Esas son las claves de la Romería.
Que siempre estén presentes, listas y engalanadas en
nuestras mentes y corazones. Si una de ellas se pierde o se
descuida, la Romería traicionará sus raíces
y la devoción a la Virgen de Linares tendrá
los días contados.
¡Cordobeses, acudamos todos a
la Romería el 1 de mayo!
Gracias inmensas por
escucharme. Gracias por permitirme pregonar a la Virgen de
Linares, paisaje feliz y amoroso en mi infancia, devoción
profunda en mi madurez. Gracias a ti, Madre, a la que tantos
favores debo:
¡Qué dulce
sueño, en tu regazo, Madre mía de Linares!
Soto seguro y verde entre corrientes rugidoras,
alto nido colgante sobre el pinar cimero,
azahar en quien Dios se posa como un dorado sol,
¡Oh! Tú, Virgen Conquistadora creación
de su amor,
déjame que contemple, tras tus ojos bellísimos,
los ojos apenados de mi madre terrena;
permíteme que piense
que posas un instante tu divina carga
y me tiendes los brazos,
me acunas en tus brazos,
acunas mi dolor,
nombre que implora Córdoba,
Virgen de Linares, Madre:
Dormir quiero en tus brazos hasta que en Dios despierte
¡VIVA LA
VIRGEN DE LINARES! ¡VIVA CÓRDOBA!
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