Localización del Santuario

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Vista posterior del Santuario. La Torre que domina el conjunto es el lugar dónde se colocó y veneró la imagen acabada la conquista de la ciudad en el año 1.236
Altar Mayor del Santuario

Altar de San Fernando
(obra de Lorenzo Cano)

Altar de San José
(atribuida al padre trapense Webber)
Altar de San Rafael
(artista desconocido)
Altar de Jesús Nazareno
(Dorado y pintado a expensas de don Pedro de Heredia en el año 1801)
Altar de Nuestra Señora de los Dolores
(artista desconocido)
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El entorno del santuario

A unos ocho kilómetros de Córdoba siguiendo la carretera de Almadén, por una desviación de la llamada Carrera del Caballo y en un paraje de extraordinaria belleza, se encuentra situado sobre una pequeña colina el santuario de Nuestra Señora de Linares, rodeando a la antigua atalaya agarena en la que mandara colocar el rey Fernando III la imagen de la Virgen Capitana y Conquistadora de la ciudad.

De telón de fondo tiene los ya altos cerros de las primeras estribaciones de Sierra Morena, y rodeando a la ermita, otros cerros más bajos, de los que destaca el llamado Cerro de San Fernando o de Jesús, sobre el que la tradición cuenta que en su cúspide ordenó poner su bandera el Santo Rey, y en el que cada año, con motivo de las fiestas de la romería, se continúa colocando la enseña nacional.

A los pies de la colina corre un sinuoso arroyo, rumoroso en alguno de sus tramos por los roquedales que tiene en su curso, y tranquilo en las balsas que se forman en su recorrido. A ambas márgenes se alza una frondosa alameda, en la que anidan multitud de ruiseñores que lanzan sus sonoros trinos a los cuatro vientos, teniendo al pie de los álamos y a lo largo de todo el curso del arroyo centenares de rosales y flores silvestres, enredaderas y espinos. El resto del paisaje lo forman olivos, pinos y monte bajo en el que crecen jaras y lentiscos, que hacen del entorno del santuario un paraje verdaderamente delicioso y encantador.

A poca distancia de la ermita, con unas panorámicas bellísimas, sobre todo el entorno de la misma, se halla el Puerto de la Salve, lugar desde el cual, al avistar el santuario, los romeros rezan su primera Salve a Nuestra Señora, si bien la tradición cuenta que el nombre lo recibe el lugar "porque allí se detuvieron las tropas de Fernando III, cuando se disponían a venir a la ciudad y que alentadas por el monarca entonaron una Salve a la Virgen de Linares antes de perder de vista la atalaya, tradición que se ha seguido a través de los siglos". Lindando con el santuario está el Camino de la Vegueta, que parte del puente que cruza sobre el arroyo, y las fincas conocidas por San Fernando y Lofuentes o "lo de Fuentes".

Descripición del Santuario

El Santuario es un complejo arquitectónico, basado en un núcleo preexistente, una atalaya o torre vigía, a la que se le fueron adosando hasta constituir una unidad constructiva, con posterioridad, una serie de construcciones: el templo, la hospedería y la vivienda del santero. Todos estos elementos están ensamblados, conformando un único edificio.

La torre, perteneciente a la arquitectura militar islámica del siglo IX, fue, según la tradición, el lugar que eligió el rey Fernando III para que sirviese de primer templo a la Virgen. Es de planta cuadrada, fábrica de mampostería con sillares en las esquinas y dos plantas. La planta baja, incluida dentro del ámbito de la iglesia, constituye el antiguo presbiterio y está cubierta con bóveda de cañón. El templo es de cruz latina con un añadido posterior para formar un ábside. Se compone de atrio con coro alto, una nave, capillas laterales, presbiterio y ábside.

El atrio, de planta rectangular, presenta una puerta exterior con arco de medio punto, recercada por alfiz y cancel de forja. Se cubre con techo plano y en los muros se conservan algunos exvotos. La portada Interior de acceso a la nave es de piedra caliza, con un arco apuntado cuya clave lleva tallado el emblema de Linares, se apoya en unas jambas de piedra que terminan en una imposta de la que arrancan tanto el arco como el alfiz. Todos estos elementos arquitectónicos tienen una moldura de perfilería gótica.

Junto a la portada, en planta alta, se desarrolla el coro, de planta rectangular, abierta a la nave de la iglesia con un arco deprimido rectilíneo y una barandilla de balaustres de madera.

La nave es de planta rectangular alargada y no muy regular, con dos brazos abiertos a la nave central por arcos apuntados y capillas laterales decoradas con retablos. Lo más sobresaliente de este espacio es la colección de pintura con obras de Antonio del Castillo o Juan de Alfaros y otras de Zambrano, Sarabia y anónimos cordobeses del siglo XVII.

A la derecha, existe una capilla de planta rectangular cubierta con bóveda de arista y tres altares, uno de ellos con la imagen de San Fernando, obra del artista cordobés Lorenzo Cano, de poco relieve artístico; en otro altar está la imagen de San José, atribuida al padre trapense Webber, y el tercero tiene una imagen de San Rafael, de artista desconocido, que algunos autores aseguran que fue la que estuvo en la primera iglesia del Juramento hasta que fue sustituida por la actual, del escultor cordobés Alonso Gómez de Sandoval.

A la izquierda, otra capilla de planta rectangular cubierta con bóveda de cañón con lunetos y con dos altares, uno de ellos con la imagen de Jesús Nazareno de bastante valor artístico, cuya procedencia se cree que sea del desaparecido convento de las Dueñas; durante muchos años tuvo una hermandad que en los días de Semana Santa rezaba, procesionando a la imagen, un vía crucis hasta el monte cercano, que desde entonces se conoce por Cerro de Jesús. El retablo tiene una inscripción en la que se dice que fue dorado y pintado a expensas de don Pedro de Heredia en el año 1801. En el siguiente testero se venera una imagen de vestir de Nuestra Señora de los Dolores, de autor desconocido, si bien la expresión de su rostro refleja con bastante acierto el significado de su advocación.

Finaliza la nave en un arco apuntado cuya rosca es de piedra arenisca y conecta con un tramo más estrecho, que corresponde al torreón. Era el antiguo presbiterio. Se cubre con bóveda de cañón. El ábside conecta con el tramo anterior, es de forma semicircular cubierta con una cúpula sencilla y en su paramento se abren cinco ventanas apuntadas. Este espacio está presidido por un templete neoclásico que cobija la talla de la Virgen de Linares. Es de planta circular con columnas corintias que sostienen una cúpula.

Desde el lado derecho del templo se accede a la sacristía, donde se encuentra el exvoto más antiguo, fechado el 1717. También anexa al muro derecho se ubica la casa del santero, con dos plantas. En la parte izquierda se encuentra parte de la antigua hospedería.

La fachada principal del santuario reproduce los esquemas de casas de campo de los siglos XVIII y XIX, con un marcado carácter popular. Presenta, en primer lugar, el muro de cerramiento de la antigua hospedería en la que se abran cuatro arcos de medio punto. La del templo es de dos plantas. En planta baja, hay dos puertas adinteladas con marco de listel y en el centro un vano de arco de medio punto y un rehundido de alfiz, la entrada Interior del templo. En planta alta existen tres balcones sencillos y cubierta con tejado de un agua. Tras él se eleva un parapeto curvilíneo del que sale la espadaña, de dos cuerpos, el bajo con dos arcos de medio punto entre pilastras y el segundo con un arco de campana que termina en una cornisa con copete central. Fue construida en 1862.

En resumen, el aspecto de esta construcción es el de un caserío rural andaluz más que un edificio religioso, pero, por su complejidad, no presenta la apariencia de ermita rural.

Este Santuario se convierte en el centro de una serie de actividades y ritos religiosos dedicados a la Virgen de Linares (romería, ofrenda de flores...), de amplio eco en la sociedad cordobesa. De aquí la importancia de sus valores etnológicos.

Restauraciones de la ermita


Obras realizadas en el Santuario en el año 2.000

Solamente vamos a referirnos en este capítulo a las restauraciones más importantes llevadas a cabo en la ermita, algunas de las cuales ya se han reseñado anteriormente. Pero no podemos obviar la primera ampliación que se hizo en la misma en época del obispo Lope de Fitero, ni las que se hicieron, posteriormente, en 1519, "por estar arruinado el edificio".

Con obras de mayor o menor cuantía que hubieron de efectuarse, se llegó hasta el año 1862, fecha en que se construyó el campanario, al que ya nos hemos referido, de dos cuerpos. En la parte superior se colocó una pequeña campana que estuvo en principio colgada entre las almenas de la antigua atalaya y se le puso el nombre de Santa María de Linares. Esta campana fue sustituida por otra que se hizo en 1691, fecha que consta con su nombre en el bronce de la misma. De las otras dos campanas, una procede de una ermita de Aguilar de la Frontera; se hizo en el año 1702 y tiene los nombre de Jesús, María y José. Y por último, la tercera campana, que es la mayor, pesa 244 libras y fue bautizada en la iglesia del convento de Santa Victoria con los nombres de Acisclo, Victoria de San Rafael, quedando colocada en la espadaña el 28 de junio de 1863.

Pero la obra más interesante de las llevadas a cabo en el santuario de Linares tal vez sea la de la construcción de un camarín para la Virgen. De la descripción de esta obra dice Redel que "el 28 de marzo de 1867 acordó definitivamente la Hermandad que se procediera a la obra derribando el retablo y altar mayor, así como cuanto fuere necesario, aunque respetando siempre la forma del castillo. Al efecto, el día 31 del mismo mes fue una comisión de socios al santuario, trasladó la santa imagen de la Virgen al altar de San Fernando y quitando el antiguo retablo, quedó patente, dice un testigo presencial, el primitivo nicho u hornacina toscamente excavada en el muro y lugar céntrico de la torre, formando un
hueco exactamente igual al bulto de la Santísima Imagen, con un hierro a su cabeza : que manifiesta a la vez el lugar donde al ser traída fue colocada y permaneció los primeros tiempos, y la lámpara que, pendiente del hierro, perpetuamente la alumbraba".

El camarín fue construido a pesar de las dificultades sufridas, como carencia de medios económicos y, especialmente, un voraz incendio ocurrido el 27 de abril de 1882, que inutilizó varias dependencias del santuario, que fue necesario reedificar. El día 19 de febrero de 1905, a pesar de que la imagen de Nuestra Señora se hallaba en Córdoba, se procedió a la bendición del camarín, que presentaba cinco artísticos ventanales con vidrieras de colores que llenan de luz el altar, el presbiterio y parte de la iglesia, desapareciendo la penumbra que hasta entonces reinaba en la misma.